FRATERNIDAD LAICAS CONSAGRADAS SIERVAS DE SANTA MARIA
La Fraternidad de Laicas Consagradas Siervas de Santa María, tiene su origen en Marzo de 1991, en la Villa Abrazo de Maipú, Santiago, Chile, luego de un largo proceso de reflexión y discernimiento con respecto a cual seria el camino de consagración que Jesús nos pedía.
En este proceso de búsqueda, acompañadas por diferentes Frailes Siervos de Santa María, fuimos centrándonos en dos fuentes esenciales de inspiración que nos han iluminado en una búsqueda constante centrada en nuestra experiencia de fe en el seguimiento de Jesús y su Evangelio hecho vida.
Nuestra primera y principal fuente es el Evangelio, en el hemos confirmado el llamado de Jesús mismo que nos ha hecho a seguirle: “ Vengan y verán” ( Jn 1, 39). Este caminar no ha sido fácil, pero ha estado acompañado de la gracia y de las promesas del Señor, que se han ido cumpliendo en la medida en que hemos ido dando respuesta…” Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo…” ( Mt 28, 20 ). “ No temas pequeño rebaño mío porque el Padre de ustedes le, agrado darles el reino…” ( Lc 12, 32 ).
Nuestra segunda fuente de inspiración, es la vida de los primeros Padres Siervos de María, los Siete Santos Fundadores, que tienen un origen laico, que se caracterizan por ser un grupo de hombres amigos, que sintiendo el llamado del Señor se retiran a vivir juntos en comunidad, dándose en ellos una profunda piedad mariana que mueve toda su vida, una experiencia de fe, de oración, de fraternidad y de servicio a los más necesitados, todo esto bajo el amparo de Nuestra Señora.
Hemos querido desde nuestro comienzo con humildad rescatar esta identidad laical presente en los orígenes de los Siervos de María, buscando un camino de expresión acorde a los desafíos de nuestro tiempo, una consagración que sea presencia activa en los diferentes ambientes en los cuales nos toca desenvolvernos..
En nuestra búsqueda, hemos descubierto que nuestro llamado es vivir en comunidad, asumiendo el estilo de vida de los primeros cristianos, quienes unidos en un mismo espíritu compartían la fracción del pan, su vida, la oración, la alabanza a Dios, el servicio a los demás, proclamando con su testimonio de vida la Buena Nueva del Reino.
Hemos descubierto a lo largo de nuestra experiencia que nuestra comunidad se ha constituido en una escuela, en la cual aprendemos a aceptar nuestra realidad, asumiendo debilidades y fortalezas, a la luz de las hermanas con quienes recorrimos el camino de la fe. Es una escuela en que aprendemos a perdonar y festejar el reencuentro como hermanas, hijas de un Padre común; en que aceptamos la propia debilidad y reconocemos la necesidad del otro para lograr juntas las metas y propósitos del camino trazado, hemos ido aprendiendo a dar pasos del individualismo a la fraternidad, del egoísmo al bien común.
Finalmente nos identificamos con las palabras de Fray Hubert María Moons, Ex General O.S.M, en su libro “ Levántate y Anda”.
“………..La vida comunitaria, es una escuela en donde aprendemos a amar a Dios, al hermano que esta cerca, al prójimo en el camino de la vida…. Recuerda la amistad legendaria, cordial y desinteresada de los primeros Frailes, que compartían los temores, alegría, pequeñas cosas: un paso de música, canto, baile, luz, flores, frutas; una acción de gracias….Justo el tiempo para reír, para dar una mirada benévola sobre la comunidad y reconstruir la unión de los corazones……”
ELEMENTOS RELEVANTES DE NUESTRA CONSAGRACION
1. - VIVIR COMO LAS PRIMERAS COMUNIDADES CRISTIANAS:
Como Fraternidad de Laicas Consagradas, la vida en el espíritu nos interpela a vivir como lo hacían las primeras comunidades cristianas, compartiendo la vida, la convivencia diaria, el trabajo, los bienes, la fracción del pan, la oración y la Palabra de Dios.
Compartir la vida significa mantener una constante apertura de corazón a las otras hermanas, dando a conocer abiertamente lo que somos, lo que anhelamos, lo que amamos, respetando nuestras individualidades.
Es fundamental para nosotras el compartir tanto el pan material como el pan recibido en la Eucaristía, el pan material nos permite fortalecernos en la convivencia diaria, ya que es ahí donde compartimos el diario vivir y el pan Eucarístico nos permite configurarnos con Cristo y su misión, recibiendo su gracia permanente. Así como la Eucaristía forma parte de nuestra vida cotidiana, la oración nos permite fortalecernos internamente, unirnos más como hermanas y alabar al Señor por las maravillas que va haciendo en nuestra vida..
Todos nuestros bienes pasan a ser parte de nuestra comunidad, ya que todo es de todas. Nuestros bienes están al servicio de la comunidad.
La Palabra de Dios acrecienta nuestra apertura a Dios y estrecha nuestra relación con Él y con nuestros hermanos intentando hacer vida el mensaje de Jesús de amar a todos sin excepción, comprendiendo que fue El quien nos amo primero.
2. - VIVIR LA FRATERNIDAD
La vivencia de la fraternidad se traduce en actitudes concretas:
- Ser mujeres acogedoras y atentas a los problemas y necesidades de las hermanas, siendo serviciales las unas con las otras.
- Ser mujeres tolerantes con nuestras diferencias, respetando nuestra originalidad e individualidad.
- Ser mujeres que comparten los quehaceres y organización de la casa.
- Ser mujeres agradecidas del llamado que Dios nos hace, manteniendo un espíritu alegre, valorando la vida consagrada como un camino de realización personal y de santificación.
- Ser mujeres que buscan constantemente realizar en sus vidas la voluntad de Dios, descubriéndola en cada acontecimiento.
- Ser mujeres que privilegien el bien común por sobre los intereses individuales.
- Ser mujeres abiertas ala corrección fraterna.
- Ser mujeres que extienden su capacidad de vinculación afectiva y fraterna en los ambientes de participación eclesial, familiar, laboral y social.
3. - PRESTAR SERVICIO:
Nuestro servicio se desarrolla en el mundo, respondiendo así al llamado que nos hace la iglesia:” El laico debe buscar y promover el bien común en la defensa de la dignidad del hombre y de sus derechos, en la protección de los más débiles y necesitados, en la construcción de la paz, de la libertad, de la justicia y en la creación de estructuras más justas y fraternas “ ( Puebla 729 ).
El concilio Vaticano II se refiere al Laico como el fiel que se incorpora a Cristo por el bautismo, haciéndose miembro del único Pueblo de Dios, que vive su existencia en el mundo y allí ejerce la misión única de la iglesia: Anunciar a Jesucristo ( L. G. 31).
El Laico se caracteriza por una convicción de que Dios esta vivo, que esta cerca, nos habla, nos ama y nos salva; por una inquietud de búsqueda que asume y compromete toda su vida; por estar inmerso en el mundo y ser parte de la iglesia que lo obliga a vivir en comunión.
A la luz de lo que la iglesia nos pide nuestra misión como laicas consagradas hoy día consiste en:
- Asumir y anunciar el Evangelio en los lugares donde estemos insertas.
- Promover la dignidad de la persona humana y la defensa de los derechos del hombre.
- Cuidar el inviolable derecho a la vida.
- Trabajar para que todos sean protagonistas y destinatarios de la política.
- Proteger a los más débiles y necesitados.
- Defender principios y valores tales como la justicia, la paz, la fraternidad, la libertad, la verdad y la solidaridad.
Es en nuestro desempeño profesional donde ponemos en practica nuestra misión, siempre abiertas al cambio y formándonos continuamente, hacemos nuestro aporte a la santificación del mundo, por medio de nuestro testimonio de vida, de nuestra participación en la vida política, económica y social de nuestro país, siendo mujeres al servicio de María, con una fe sólida, fraternas, que participan de la oración y eucaristía permanente.
4. - SER SIERVAS DE MARIA:
El ser profundo de nuestra vida consagrada consiste en un don permanente de Dios, que se traduce en una entrega total al Señor, convencidas de que el Señor nos amo primero.
Esta Entrega se nutre en la fe y en la oración a ejemplo de la Virgen María.
a) María fue llamada al servicio de Dios y de los hombres, a dar la vida, a comunicar la alegría de la salvación. Nosotras al igual que ella hemos sido escogidas. Nuestra vocación a vivir en comunidad nos hacere4sponsables y solidarias de la vocación de las otras hermanas.
b) María para responder al Señor no busca certezas ni seguridades. Le basta la palabra de Dios, no se apoyo en evidencias, confío plenamente en Él, respondiendo desde su originalidad característica. Nosotras confiando plenamente en Dios, respondemos al Señor desde los que somos, con nuestras potencialidades y debilidades, viviendo una espiritualidad que consiste en decir Si, a este Dios que nos llama porque nos ama.
c) María con su forma especial de consagración es símbolo de la dignidad de todo hombre, dejándose penetrar por el misterio de Dios, por lo totalmente sagrado. Ella tuvo la experiencia Trinitaria de Dios: El Padre se dirige a ella por medio de un mensajero. María se estremeció por la cercanía de Dios. El Ángel le revela el nacimiento del Hijo de Dios y le explica que el Espíritu santo descenderá, la cubrirá, la consagrará.
María consagrada por Dios, consagró libre y conscientemente la totalidad de su vida a Él. Nosotras nos dejamos penetrar por el misterio de Dios, consagrando nuestra vida a Él, conscientes de que Él es el que nos consagra cada día, en la medida en que respondemos a la llamada de Dios, que no se arrepiente de su llamado y que espera que esto que inicio en nosotras llegue a buen termino.
d) María fue llamada para una misión, la misión de ser la Madre del Redentor y de los redimidos. Nosotras nos sentimos llamadas por Dios para cumplir también una misión. La de anunciar a Jesucristo, convencidas de que la misión mas que una tarea es una vida, que se traduce en una búsqueda constante de fraternidad, justicia, dignidad, fe y amor.
Queremos manifestar en todas las dimensiones de nuestra vida nuestra piedad mariana, pidiendo a ella que nos ayude a ser fieles al llamado, a la misión que nos ha encomendado y a nuestra consagración.
e) María es Madre de toda comunidad fraterna, ha estado presente desde el comienzo de nuestro caminar, hemos sentido su amor y protección, a ejemplo de ella quisiéramos llevar este cariño maternal a todas las personas desvalidas, otorgándoles consuelo y acogida, especialmente a los niños.
Intentamos como Laicas Consagradas imitar a nuestra Señora en la fe que le permitió dejarse guiar por Dios, en la libertad con que acepto el plan divino, en el amor que la llevo a identificarse con Dios, con los hombres y con el mundo, en la esperanza que le hizo confiar en las promesas, en la justicia que proclamo en el magnificat, en la solidaridad manifestada explícitamente en la visitación, en la pobreza que la convirtió el mujer de paz, en la humildad que la hizo sentir la esclava del Señor, en la fidelidad que la llevo a soportar el dolor mas grande para una madre, la perdida de su hijo, en la maternidad traducida en actitudes concretas como la c acogida, el acompañamiento, el perdón, la búsqueda de unidad, la cercanía, el apoyo, la aceptación incondicional y la entrega generosa por los demás, en la protección y defensa de la vida.
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