A Cristo Crucificado súplica de un enfermo
Redentor mío
que en tu cuerpo crucificado
carga con el dolor de toda la humanidad,
heme aquí con mi cuerpo enfermo
y el corazón afligido.
Llego hasta ti
así como llegó a tus pies san Peregrino
arrastrando su pierna llagada.
Con él y como él te suplico:
“Jesús, hijo de David,
que limpiaste al leproso de su mal
y diste la vista al ciego, ten piedad de mí”.
Tu conoces mi necesidad,
ves mi angustia,
por eso te pido con fe:
“Señor, si quieres, puedes sanarme”.
Extiende tu mano sobre mí,
así como la tendiste sobre san Peregrino,
para que mi cuerpo enfermo y débil
recupere salud y vigor.
O Jesús, médico de los cuerpos y de las almas,
hazme partícipe,
mediante la gracia de la curación,
en tu victoria sobre el mal y la muerte,
y así recuperada la salud,
sea testigo
de tu amor misericordioso,
signo de tu poder salvador,
y, como san Peregrino,
pueda vivir todos los días de mi vida
sirviéndote a ti y a la Iglesia.
A ti, o Jesús, crucificado y resucitado,
todo honor y gloria por los siglos de los siglos.
Amén.