Discípulo de Cristo Crucificado 

Peregrino, hermano y amigo,
discípulo de Cristo crucificado,
santo de la Iglesia de Dios,
escucha nuestra súplica.
En tu cuerpo, marcado por la enfermedad,
experimentaste el misterio de la Cruz
y su poder salvador:
contemplando al Traspasado, ensalzado en el madero,
recibiste misericordia y curación.

Al pie de la Cruz encontraste la Virgen Dolorosa,
al pie de la Cruz, ocupaste el lugar
del discípulo amado,
para acoger como hijo a la Madre
como preciosa herencia del Maestro;
para saciar tu sed a las aguas que brotan
del costado abierto del Salvador
para ser testigo del perdón universal. 

Implora al Señor por nosotros
la sabiduría de la Cruz;
el valor de caminar en pos de Cristo,
subiendo a la montaña
donde la  tiniebla de la muerte
se convertirá en la luz de la Pascua.

Acoge, san Peregrino,
nuestra alabanza y nuestra súplica,
tu che vives ahora glorioso
junto al Padre, al Hijo y al Espíritu
en el resplandor de la Pascua eterna.

Amén.