Para la curación de los enfermos

Peregrino, hermano y amigo,

siervo fiel de la Madre del crucificado,
santo de la Iglesia de Dios,
escucha  con benevolencia nuestra súplica.

Tu, que en la enfermedad
fuiste paciente y fuerte,
auxilia a nuestros hermanos
y a nuestras hermanas enfermos
a llevar con mansedumbre la cruz de la enfermedad.

Tu, que fuiste sanado milagrosamente
por el contacto de la mano de Cristo crucificado,
súplica al Señor por los enfermos:
para que el cuerpo enfermo y débil
recupere salud y vigor,
y el ánimo incierto y afligido
reencuentre paz, serenidad y confianza. 

Por sobre todo, san Peregrino,
haz que en los labios de los hermanos
y hermanas enfermos
florezcan, como en los labios de Cristo y de la Virgen,
la palabra obediente y fecunda:
“Padre, hágase tu voluntad”.

 Acoge, san Peregrino, protector de los enfermos,
nuestra alabanza y nuestra súplica,
tu que vives en la luz
del Padre, del hijo y del Espíritu,
al cual sea honor y gloria por los siglos de los siglos. 

Amén.