Paciente discípulo de Cristo

Peregrino, hermano y amigo,
humilde siervo de la Reina de misericordia,
santo de la Iglesia de Dios,
escucha benigno nuestra súplica.

Poniéndote al seguimiento de Cristo,
rey paciente y humilde,
lograste vencer el ímpetu altivo
mediante la búsqueda tenaz
de la mansedumbre evangélica.

Ruega al Señor
para que aleje de nosotros
la sed de venganza, el furor de la ira,
el resentimiento ciego y devastador.

Te suplicamos, san Peregrino,
de conseguirnos la gracia de ser partícipes
de la mansedumbre de Cristo,
para que nuestro pensar sea bondadoso
y la palabra conciliadora;
nuestra mirada sea serena, calmo el trato
y nuestro ánimo sea inclinado
a la compasión y al perdón.;
nuestros propósitos sean pacíficos
y nuestra memoria se detenga agradecida sólo en el bien.

Acoge, san Peregrino,
nuestra alabanza y súplica,
tu que ahora vives en la verdadera “Tierra prometida”,
la gloriosa herencia
del Padre, del Hijo y del Espíritu,
al cual sea honor y gloria por los siglos de lo siglos.

Amén.